Club de los Cuentistas

CLUB DE LOS CUENTISTAS / KONTULARIEN KLUBA

Cuentos breves 2011

A continuación, algunos de los cuentos que se contaron el 10 de junio de 2011:

Imágenes de los cuentistas participantes en el 2011

Morir-Contigo-no podría-
Pues Uno de los dos debe esperar
Para cerrarle la Mirada al Otro-
Tú – no Podrías-
Y yo – ¿Podría yo quedarme a tu lado
Viendo cómo Te – hielas-…
Como los ángeles al caer el sol, los niños se retiraban dejando el final del partido por jugar,y tras recoger el balón se marchaban a la carrera. Las instrucciones de sus madres eran muy precisas: en cuanto suenen las sirenas, corréis para casa sin mirar atrás. Después de que los aviones se fueran, volvían todos al campo, y tras un recuento rápido en el que comprobaban que seguían estando todos, continuaban jugando. Entonces solía salir también la Juani, a la que normalmente no dejaban jugar por ser chica, fea y antipática. "No puedes jugar" – le decían – "somos pares". La Juani les miraba desde la banda. No le importaba demasiado esperar su turno. Al fin y al cabo – pensaba – tarde o temprano volverán a ser impares.
"Hamed fue abatido por las balas de los soldados israelíes, por llevar una pistola de juguete. Su padre donó sus órganos a cinco niños judíos…"
Una explosión retardada
alcanzó los jirones
de cinco sombras
que tienen el futuro
sobre un balcón a la nada.
Una luz sin sangre,
una lluvia de abrazos celidos
una siembra de latidos
y vida dosificada.
A ti, mi corazón de relojero,
de manecillas de acero
que sube la sangre
al rinconcito de la cabeza,
que se ocupa de los actos amorosos
el que me lleva a la escuela
en mis piernas de gacela.
A ti te reservo mis pulmones,
con que se hincha mi pecho,
los que ponen el aire a las canciones.
A vosotros,
mis riñones.
Me han dicho que sois judíos
que sois enemigos míos.
Permitiré que explosione
mi vida en vuestra aflicción,
quiero ser una erupción
que borre vuestras conciencias,
las diferencias
entre nación y nación.
Den, mis órgano, los pasos
desde la sangre
a las emociones;
quiero que seais razones
para cargar la vida de ternura,
que se inicie la aventura,
para germinar la paz.
Haz,
un hueco en la utopía,
dale una oportunidad.
…el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el 10º piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas: la intimidad de los vecinos, las pequeñas trgedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la peurta falsa valía la pena ser vivida.
Un periodista europeo se propuso hacer , en su visita a Africa, alguna entrevista original. En su caminar, encontró a una madre tuareg que cuidaba a sus hijos, numerosos por cierto.
Nuestro hombre preguntó a la hermosa mujer:
"-¿Cuantos hijos tienes?. Veo un montón de niños a tu alrededor"
"-Tengo trece hijos" - respondió ella.
El siguió, creyendo que iba a ponerla en un aprieto:
"- Y ¿cuál de ellos es tu preferido?".
La mujer respondió:
"- El pequeño hasta que crezca, el enfermo hasta que sane, el ausente hasta que vuelva".
Le gustó desde la primera vez que la vio, con su vestido rosa pálido. En realidad, le gustaban todas, pero ella era especial. Tenía algo que le hacía desearla, y su pasión era tal, que comenzó a portarse como nunca lo hubiera pensado posible en un tipo serio, como él.
Un día le dijo, al pasar: "Te comería cruda…" Ella ni se inmutó. Quizá estuviera acostumbrada a tales explosiones de deseo libidinoso.
Pero aquella noche, cuando se decidió a atacar en firme, cuando la agarró con fuerza, temblando y con escalofríos de pasión, logró despojarla de su vestidura rosa – ella no ofreció resistencia – e hincó los dientes en la pálida carne de su amada, tan blanca como ardiente, se sintió en la misma gloria.
Nunca había probado una gamba a la plancha tan rica.
El pescador llevaba dos horas en su barca. De repente sintió un tirón en la caña. Recogió el sedal y vio lo que traía el anzuelo. Muy irritado, exclamó: "¡Otra bota!"
El pescador la desenganchó del anzuelo y la arrojó por la borda. Una vez más, y gracias a su excelente camuflaje, el pez bota se había salvado.

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